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Caracterizada por un clima templado, Sicilia presenta una vegetación
típicamente mediterránea, al menos en las fachadas costeras y en las
zonas llanas. Muchísimos matorrales de mirto, madroño, lentisco y
euforbia de Bivona, un arbusto muy ramificado, característico en toda la
Sicilia occidental, de hasta 1,5 m de altura, con ramas rojizas que se
revisten de hojas solamente al final del verano, con la llegada de las
primeras lluvias. La retama, un arbusto perenne de hojas pequeñas y
solitarias, se hace notar al final de la primavera por su bellísima
florescencia de pequeñas, pero tupidas flores de un amarillo brillante.
Con los matorrales se alternan adelfas, plantas con hojas alargadas y
siempre verdes que en la época primaveral y estival se visten de
bellísimas flores blancas, rosas o amarillas; algarrobos (sobre todo en
la comarca de Ragusa) con sus característicos frutos con vaina de
color parduzco; eucaliptos, siempre verdes con flores lanceoladas y
aromáticas de las cuales se extrae una sustancia desinfectante;
olivastros (u olivos silvestres), plantas siempre verdes y espinosas que
con frecuencia sirven de injerto para los olivos cultivados, pinos
marítimos, con copa cónica y tronco largo y recto y pinos domésticos,
con su característica copa en forma de paraguas.
Vastas son las
superficies de olivos, con troncos retorcidos y con su típica copa verde
plateada, y de cítricos (limoneros, naranjos, mandarinos) a los cuales
se añaden los cultivos de vid. En las zonas mas áridas se encuentran
fácilmente matorrales espinosos, como por ejemplo los cardos, y plantas
de palmera y palmera enana, particularmente extendida por la zona del
Zingaro (y es en efecto el símbolo de la reserva).
Un elemento que caracteriza claramente el territorio es la presencia
de varios géneros de suculentas (o plantas crasas). Entre estas destacan
grandísimas pitas, con hojas largas y carnosas estriadas de amarillo a
lo largo de sus bordes que solo una vez, al final de su vida, se adornan
de una alta inflorescencia amarilla clara, muchas variedades de
cactáceas y los infaltables higos chumbos que en algunas zonas
constituyen verdaderas y autenticas superficies verdes salpicadas, en
verano, por el rojo de sus frutos.
Entre las especies que florecen, las primeras que colorean el paisaje
son las blancas nubes de los almendros (en la comarca de Agrigento) y
las amarillas de las mimosas, las perfumadísimas del azahar (flores del
naranjo) seguidas, al final de la primavera, por las adelfas y por los
hibiscos, de grandes y coloreadísimas flores. las buganvillas forman
vivas manchas violáceas o rojas encendidas, las pequeñas flores blancas
o amarillas pálidas de los jazmines emiten un perfume dulce e intenso, y
sobre todo en las islas (Pantelleria y Eolias), la planta de la
alcaparra se hace notar por sus bellísimas flores rosadas.
Sobre las colinas se encuentra sobre todo encinas,
plantas siempre verdes cuyos frutos, las bellotas, son muy apreciados
por los cerdos, castaños, robles y, en alturas mas elevadas, hayas, de
copa con follaje caduco y confieras.
Al panorama general se añaden después las especificas
de cada zona. Solo por mencionar algunas, sugerimos el alcornoque en las
proximidades de Niscemos (en el traspaís de Gela), la lozanía del papiro
a lo largo del río Ciane (a las puertas de Siracusa) y, en la zona de
Castelbuono (en las Madonias), el fresno de maná, obtenido por medio de
incisiones a lo largo del tronco y después desecada.




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